Estimado amigo (a):

Antes que nada, queremos decirte que estamos muy alegres por la decisión que acabas de tomar. Definitivamente, el creer y confesar que Jesús es el Señor e Hijo de Dios es la resolución más importante que podemos realizar en nuestras vidas. No solo en Jesús encontraste el camino para llegar a Dios (Juan 14:6-7; Efesios 2:18), sino que por medio de Él has hallado la paz con Dios (Romanos 5:1) y, por lo tanto, el consuelo de saber que estás en armonía con tu Creador. Son fabulosas noticias, ¿verdad?

Pero hay algo más que queremos decirte. En este nuevo camino no estás solo. Ahora eres parte de la familia de Dios, la iglesia. Todos los que hemos puesto nuestra fe en Jesucristo somos parte de un mismo cuerpo, somos miembros de una comunidad espiritual. Esto quiere decir, en pocas palabras, que estamos unidos por el Espíritu Santo (Efesios 4:3-6; 1 Corintios 12:12-13). Uno de los propósitos de ser iglesia es ayudarnos los unos a los otros, edificarnos y guiarnos. Es por eso que en iglesia Vida Real deseamos ayudarte a que puedas crecer y fortalecer tus principios cristianos. Estos principios son importantes para el desarrollo de una vida cristiana firme y transformadora.

A través de esta Guía deseamos dos cosas:

1) proveer una guía que te ayude a crecer en los fundamentos cristianos, los cuales, bien entendidos y aplicados, nos llevarán a la madurez plena; 

2) desarrollar en ti la confianza plena en el poder de la verdad de la Palabra de Dios, la cual nos conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:15).

El camino es emocionante, por lo que, hay que empezar a leerlo lo más prontamente, y qué mejor que con la ayuda de Dios mismo. Así que te animamos a que estés atento para escuchar la voz de Dios y a la expectativa de lo que el Espíritu Santo pueda hacer en tu vida.

«Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree…» (Romanos 1:16).

AHORA QUE SOY CREYENTE, ¿QUÉ HA PASADO CONMIGO?

Realmente es una buena pregunta que necesita una respuesta. Para eso, regresemos un poco a ese momento decisivo en tu vida: cuando aceptaste a Jesucristo como Señor, Mesías, Salvador e Hijo de Dios. Esa decisión significa que tú has depositado tu confianza en la obra de Jesús, es decir, tienes fe en Jesucristo. Aunque esto es sumamente profundo y cada título (Señor, Salvador, Hijo de Dios, etc.) debe de tener un tratamiento especial, porque sus implicaciones en nuestra vida son particulares, digamos las cosas de manera sencilla por ahora. La fe en Jesucristo es confianza en él como el medio de reconciliación provisto por Dios. Por eso es que la Biblia habla que ahora tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:2). En otras palabras, tener fe en Jesucristo es ser consciente de que todo depende de Él y no de nosotros mismos.

Pero te has de preguntar una cosa más: ¿por qué la fe en Jesús es tan importante? Bueno, en el Evangelio de Juan se nos dice que Dios el Padre ha puesto su sello de aprobación sobre Jesús (Juan 6:26-27) y que creer en él es la obra y voluntad de Dios (Juan 6:29 y 40). Ahora bien, si avanzamos un poco más, hasta el versículo 37, te darás cuenta que esta fe no es producto humano, sino que se origina en la iniciativa de Dios (Juan 6:37). Mira cómo lo dice el Señor Jesús: «Todos los que el Padre me da vendrán a mí». Esto quiere decir que nosotros buscamos a Dios porque El nos buscó primero; nuestra búsqueda de Dios es un reflejo y resultado de su voluntad. Qué impresionante, ¿verdad? Por lo tanto, ¿qué ha pasado con nosotros ahora que somos creyentes? Primero, Dios se ha acercado a nosotros a través de Cristo Jesús, su Hijo. Dios nos ha impulsado a venir a Él, nos ha quitado el temor para acercarnos confiadamente y nos ha recibido con amor incondicional. Ese es el primer beneficio.

Otros beneficios: nueva vida, acceso al Padre, paz con Dios, ser hijo de Dios, perdón de pecados, justificados, vida eterna, resurrección.

Responsabilidades de ser ahora un hijo de Dios: crecer espiritualmente a través de las disciplinas espirituales (oración, ayuno, lectura de la Biblia), estudio y profundización de la doctrina bíblica.

VERDAD NO. 1

¡SI LLEGO A MORIR, NO TODO HA TERMINADO!

Hablemos un poco acerca de todos estos beneficios, ¿tienes una nueva vida en Jesús? Sí, ¡la tienes! Y es una vida maravillosa. Ahora, debido a su sacrificio expiatorio, puedes gozar de reconciliación con Dios (Romanos 5:10, 2 Corintios 5:18-19). La muerte de Cristo se representa como el pago de un rescate, un precio dado para librar a otro que está esclavizado o cautivo. Mateo 20:28 y Marcos 10:45 describen a Cristo como el que vino para “dar su vida en rescate por muchos”. (“Muchos” incluye a todos los que creen en él). En otras palabra, tú y yo estábamos cautivos en nuestros pecados antes de conocer a Jesús, pero cuando pasamos al grupo de “muchos que creímos en Él, nos rescató de ese mundo de pecado y de oscuridad. Pagó nuestro rescate, ¿a quién? A Dios, es a Él a quien hemos ofendido con nuestro pecado, Pero cuando no pudimos pagar por nuestros propios medios (nuestras obras), el Hijo de Dios pagó todo el precio que exigía el carácter de Dios (perfecto y sin mancha). Para que Dios nos redimiera, el gran precio que tuvo que pagar fue la muerte de Su Hijo Unigénito (Juan 3:16). ¡No te parece el amor más grande, jamás visto!

A partir de que depositaste tu fe en este acto maravilloso y demostración de infinito amor, ya puedes vivir como “perdonado” (Juan 3:17). Ya no tienes que llevar las cargas de tu pecado, sino Jesús las lleva y te ayudará a través del camino de toda tu vida con ellas. Por lo tanto, ya no se exige el castigo a los que se acercan con fe para recibir el perdón gratuito que obtuvo nuestro Salvador (Juan 1:29, Efesios 1:7, Hebreos 9:22-28, Apocalipsis 1:5).

Otra faceta de la “vida nueva que tienes en Jesús” ahora, es que cuentas con la liberación de dominio del pecado. La expiación no sólo quita totalmente la culpa para que los creyentes sean hechos justos, como si nunca hubieran pecado, sino que quebranta también el poder del pecado que los encadenaba cuando eran incrédulos. Ya no somos “esclavos del pecado”. Tanto tú como yo y todos los creyentes en Cristo, ¡somos libres ahora! Si quieres ahondar más en este maravilloso tema, puedes ir al libro de Romanos desde el capítulo 6 hasta el 8.

¿Y qué del pecado ahora? Pues como somos criaturas con libre albedrío, podemos volver a pecar aún después de haber recibido a Cristo como Salvador, pero ahora es diferente…. Con todo, hemos sido librados y podemos tener la ayuda del Espíritu Santo para ya no pecar, y recuerda, Dios conoce nuestros corazones y Él sabrá cuando estemos arrepentidos de esto. Pablo en Romanos 6:1 se estremece ante la idea de que uno que ha sido librado de la esclavitud del pecado considere siquiera el regreso a las tinieblas. ¡Ya no deberíamos desear el regreso a esa vida de esclavitud en el pecado!

¿HE TRIUNFADO SOBRE LA MUERTE?

Otro gran triunfo que obtenemos mediante la muerte expiatoria de Cristo es la liberación de la muerte. Cristo fue coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte y por haber muerto en nuestro lugar (Hebreos 2:9). Por lo tanto, ya que tú adoptaste las medidas que Él tomó, ya no necesitas tener temor de la muerte espiritual. La muerte física es el último enemigo que destruirá Cristo victorioso (1 Corintios 15:26). Aunque el diablo es un enemigo vencido y su juicio es seguro, aún actúa en nuestro mundo, y la muerte física es el destino de cada uno hasta el regreso de Jesús (1 Corintios 15:26, 1 Tesalonicenses 4:16-18). Pero a pesar de la muerte física, tu vida y la mía, ahora están escondidas con Cristo en Dios, no estarán sujetas a la muerte espiritual, “la muerte segunda”, la eterna separación de Dios en el lago de fuego (Hebreos 2:14-15, Apocalipsis 2:11 y 20:14-15). ¿No te parece increíble? Cristo también te dio el don de la vida eterna (Juan 3:16).

Ahora bien, es necesario que en este punto aclaremos algo, Cristo murió por todos y no sólo por unos pocos. La redención abarca virtualmente a toda la creación. El deseo de Dios es que todos sean salvos (1 Timoteo 2:4, 2 Pedro 3:9). Aun así, los efectos prácticos de la redención se extienden sólo a los que responden a la amorosa invitación de Dios. Y esta respuesta trae consigo salvación.

VERDAD NO. 2

¿ME AMA DIOS INCONDICIONALMENTE?

Aunque el hombre sin ayuda no puede llegar a conocer al Dios infinito, es claro que Dios se ha revelado así mismo y puede ser conocido hasta el grado donde llega su propia revelación. En efecto, es esencial para el hombre conocer a Dios a fin de experimentar la redención y tener vida eterna (Juan 17:3, 1 Juan 5:20). Y durante su vida puede y debe conocer a Dios hasta el nivel necesario para la confraternidad, servicio y madurez, pero en la gloria celestial llegaremos a conocer más enteramente a Dios (1 Corintios 13:12, 1:21; Efesios 1:17: Filipenses 3:10).

Es por eso amigo (a), que quiero felicitarte por estar leyendo este documento, pues ahora que eres cristiano (a) es importantísimo que aprendas más y más acerca de tu Padre Celestial. Es un estudio interminable, pero a la vez sumamente emocionante y que te ayudará en el resto de tu vida, pues Dios es tu fuente de vida y sustento (Hechos 17:28ª). El estudio de Dios se llama Teología, (theos = Dios y logos = disertación o razonamiento).

ACERCA DE LA EXISTENCIA DE DIOS

En ninguna parte de la Biblia argumenta la existencia de Dios. Ella asume su existencia como un hecho aceptado. El primer versículo de las Sagradas Escrituras afirma “en el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). El Salmista proclama más adelante, “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 14:1ª).

El creyente y todos los adoradores de Dios han aceptado la existencia de Dios como un acto de fe. Sin embargo, la fe del creyente no es ni ciega ni irrazonable. La fe es un don de Dios (Romanos 10:17); y es sostenida por evidencias claras para la mente imparcial. Pablo destaca en el primer capítulo de Romanos que aún aquellos sin una revelación de la escritura no tienen excusa por su incredulidad (Romanos 1:19-21).

Por medio de esto se puede ver que la Biblia sostiene la validez de una teología natural. Sin embargo, debemos recordar que aunque una teología natural puede señalar a un creador poderoso, sabio y benévolo, ésta no dice nada para resolver el problema del pecado del hombre, su dolor, su sufrimiento y su necesidad de redención. La Biblia sí lo hace, conteniendo en ella el argumento perfecto de existencia divina y comprobándose a sí misma de todo lo que en ella reveló Dios mismo (2 Timoteo 3:16, 17; 2 Pedro 1:20, 21; 1 Corintios 2:12,13; Jeremías 1:1-13). Su máxima revelación ha sido su propio Hijo Jesucristo y tú has decidido creerle, ¡es tu mejor decisión! Por otra parte, podríamos mencionar otros argumentos que evidencian la existencia de Dios: argumento por parte del razonamiento, por parte de la historia, por parte del alma humana.

LA TRINIDAD DE DIOS

Este tema te maravillará, realmente todo estudio de la naturaleza de Dios, desafía nuestra entera comprensión, pero la trinidad (tri-unidad) de Dios es el mayor de todos los misterios divinos. Cuando meditamos en este tema pisamos tierra santa. A causa de Su misterio, no esperamos reducirlo a fórmulas lógicas más de lo que procuraríamos al transferir el Océano Pacífico a una taza. Para la mente finita humana la unidad de Dios y la trinidad de Dios son contradicciones, pero ambas doctrinas están claramente enseñadas a través del Nuevo Testamento. La tri-unidad de Dios es, de hecho, la piedra angular de la fe cristiana. Cada vez que en la historia de la iglesia ha sido comprometida la doctrina de la trinidad, los otros grandes dogmas de la Biblia también han sido comprometidos o abandonados.

Analicemos el tema. En Deuteronomio 6:4, en la oración diaria de la familia judía se recalca la gran verdad de la unidad de Dios. “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.” Junto a esta importante verdad tenemos el concepto de personalidad con relación a Dios. La personalidad incluye el conocimiento (o inteligencia), los sentimientos (o afectos) y la voluntad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo poseen cada uno estas características de un modo especial. El Espíritu Santo, por ejemplo, hace cosas que muestran que no es una simple cosa o poder (véase Hechos 8:29; 11:12; 13:2; 13:2, 4; 16:6-7; Romanos 8:27; 15:30; 1 Corintios 2:11; 12:11). Hay tres personalidades distintas, cada una completamente divina, pero correlacionadas tan armoniosamente que son una sola esencia. Esto es muy diferente de decir que hay tres dioses.

Una manera útil de descubrir la distinción de personas que hay en la Deidad consiste en observar las funciones que se le atribuyen especialmente a cada una. Por ejemplo, a Dios el Padre se le atribuye principalmente la obra de la creación; Dios el Hijo es el agente principal en la aplicación de la obra de redención a la humanidad; Dios el Espíritu Santo es las arras o el depósito (como el primer pago de una compra a plazos) que garantiza nuestra herencia futura. Esta triple distinción se esboza en Efesios 1. Hay también abundante testimonio bíblico sobre la cooperación del Hijo y el Espíritu Santo en la obra de la creación: el Padre creó por medio del Hijo (Juan 1:3) y el Espíritu Santo se cernió suavemente sobre la tierra en preparación para los seis días de creación (Génesis 1:2). El Padre envió a Su Hijo al mundo para llevar a cabo la redención (Juan 3:16) y el Hijo mismo, durante su ministerio, anduvo “en el poder del Espíritu” (Lucas 4:14). El Padre y el Hijo participan también en el ministerio del Espíritu Santo para la santificación del creyente. Practiquemos esto contigo mismo (a): Dios te creó perfecta y amorosamente, el Hijo vino a este mundo para morir por tus pecados y el Espíritu Santo te selló cuando depositaste tu fe en Jesús como tu Salvador personal. Tu grandioso Dios Trino involucrándose contigo en Sus tres personas.

LOS ATRIBUTOS DE DIOS

Además de los atributos que describen su naturaleza interior, Dios mantiene relaciones especiales con Su creación. A estos se los denomina atributos comunicables, porque se pueden hallar también (desde luego, en grado mucho menor) en la naturaleza humana. Pueden dividirse en dos categorías: naturales y morales.

Entre esos atributos naturales está la omnipotencia de Dios (la característica de ser todopoderoso). Él disfruta de libertad y poder para hacer todo lo que sea compatible con su naturaleza. Él es soberano sobre el universo. Isaías 40:15 describe la majestad del Rey de reyes. Pero entonces te preguntarás: Si Dios es soberano, ¿por qué hay pecado en el mundo? La respuesta, Él decidió libremente crear seres (los hombres y los ángeles) con la facultad de la elección moral y determinó que no intervendría en la libertad de la voluntad humana. Finalmente, debes saber y reconocer que Dios, quien concede la libertad personal, es además el Señor de la historia y tiene control del destino de las naciones y del universo. Todo el libro de Apocalipsis, junto con pasajes importantes de Daniel (Daniel 4:34-35; 5:20-21; 7:26-27; 8:19-25) y Ezequiel (Ezequiel 37:24-28; 38:3; 39:1), revelan claramente el control que tiene Dios sobre el futuro de nuestro universo. Pero entre tanto Dios, ha permitido a los hombres, por razones que sólo Él conoce, la libertad de la elección personal y el pecado que esta acarrea.

Dios es omnipresente, es decir está presente en todas partes (Salmo 139:7-10). No está limitado en el espacio. En todo lugar está de muchas y maravillosas maneras con la gente y con todo lo que ha creado; amando y cuidando hasta al pajarillo que cae a tierra (Mateo 6:25-29; 10:29). A este atributo de Dios le llamamos la inmanencia de Dios.

Dios es omnisciente, es decir, tiene un conocimiento y discernimiento infinito, universal y completo. Ve la realidad desde una perspectiva diferente de la nuestra. Para nosotros, la vida es como un movimiento a lo largo de una línea cronológica. Dios, sin embargo, conoce toda la realidad. Todos los sucesos, pasados, presentes y futuros, están ante Él como conocimiento presente (Romanos 8:27-28; 1 Corintios 3:20).

Además de los atributos naturales de Dios, que constituyen una categoría importante de sus atributos comunicables, hay varios atributos morales. Uno de ellos es la bondad, Él está dispuesto a velar de continuo por el bienestar de Su creación. El mal es un enemigo de Dios (1 Juan 4:8). Además, Dios es fiel (Salmo 89:1), también se le atribuye la gracia (Hechos 20:24) y la misericordia (Efesios 2:4). Dios es santo (separado y dedicado) ver Isaías 6:1-5.

Dios es también justo (Deuteronomio 32:4, Daniel 4:37). Esta característica de Dios es la que le da el orden moral al universo. El acto más grande del amor de Dios se manifiesta en el clímax de Su plan de redención en la cruz. ¡Nadie tiene mayor amor que este!

VERDAD NO. 3

¿ES JESÚS MI MEJOR AMIGO?

La mejor decisión que has hecho en tu vida, es haber reconocido a Jesús como tu Salvador (Filipenses 3:8), lo cual te permite, además de muchos privilegios y promesas que te da el Señor, que Jesús sea tu mejor amigo. Para eso, necesitas conocerlo un poco mejor:

LA NATURALEZA DE JESÚS

Jesús tenía una naturaleza divina y una naturaleza humana, sin embargo, Jesús era una persona, no dos. Él era el Hijo del Hombre, pero sus dos naturalezas no resultaron en una personalidad dual del tipo Dr. Jekyl y Sr. Hyde. Él era Cristo, el Mesías y Jesús de Nazaret (1 Timoteo 2:5). Él subsistió en la forma de Dios y era igual con Dios; pero tomó la forma de un siervo y fue hecho a la semejanza de hombres. Pero no solamente “semejanza”, Él era un verdadero hombre, nació y murió como los hombres; pero, Él era el “por siempre eterno” que dijo “Antes que Abraham fuese, Yo Soy” (Juan 8:58). Jesús dijo: “tengo sed”; pero también dijo “Yo soy el agua de vida.” Jesús dijo: “Dame de beber”; pero en la misma ocasión también dijo: “mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás (Juan 4:7-14). Jesús fue azotado con látigos; sin embargo, por sus llagas fuimos curados. Otro tuvo que cargar Su cruz; pero, Él sustenta todas las cosas con la palabra de Su poder. Él creció en sabiduría y estatura (Lucas 2:52); pero Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

Jesús entonces fue 100% hombre y 100% Dios, así que nos entiende como humanos; pero como deidad, decidió tomar nuestro lugar, muriendo por nuestros pecados, para podernos llevar con El al Padre. ¡No hay mayor amor que este!

¿QUÉ SIGNIFICA LA MUERTE DE CRISTO PARA MI?

Al estudiar la vida de Jesús, nos admiramos por las muchas obras maravillosas ejecutadas por Él. El dar de comer a las multitudes, convertir el agua en vino, sanar a los enfermos, hacer caminar a los paralíticos, hacer hablar a los mudos, y hacer ver a los ciegos eran evidencias que señalaban que Él era el Hijo de Dios. A través de estas poderosas obras, Él dio amplia evidencia de que Él era en verdad todo lo que había dicho que era. Sin embargo, Su trabajo no estaba terminado por las poderosas hazañas hechas en Su vida, las grandes verdades que predicó, o por ser un gozo y una bendición a la gente de Su día. Su principal propósito en venir a esta tierra fue traer salvación a las almas de los hombres (Mateo 1:21). El evento sobresaliente y la doctrina central del Nuevo Testamento puede ser sintetizado en las palabras, “Cristo murió (el evento) por nuestros pecados (la doctrina)” 1 Corintios 15:3.

¡JESÚS RESUCITÓ!

La muerte de nuestro Señor Jesucristo es tan importante como la resurrección (1 Corintios 15:1-4). Si Cristo hubiera permanecido en la tumba, Su muerte no hubiera sido más que la de un mártir por la fe cristiana. Fue Su resurrección la que demostró que Él era el Hijo de Dios (Romanos 1:3,4). Su resurrección prueba que Su muerte fue de valor suficiente para Dios cubrir todos nuestros pecados, porque Su sacrificio fue el sacrificio del Hijo de Dios. Su resurrección provee un fundamento firme para nuestra fe: Sólo Dios puede levantar a los muertos. Él Probó que él es Dios cuando levantó a Jesús. Su resurrección es una firme afirmación de que Él es todo lo que declaró ser, el verdadero Hijo de Dios (Romanos 1:4).

¡JESÚS ASCENDIÓ AL CIELO!

Por la ascensión de Cristo nos referimos a aquel evento en el que Él dejó esta tierra en Su cuerpo de resurrección y fue visiblemente llevado al cielo. Marcos y Lucas son los únicos dos escritores de los Evangelios que hablan de esto (Marcos 16:19, Lucas 24.50, 51, Hechos 1:9). Esto significa que Él venció todos esos principados y poderes malignos que habitan en las regiones celestes (Efesios 6) y que sin duda hicieron lo imposible en tratar de no dejarlo pasar por los cielos para presentar Su obra finalizada al Padre.

¡Y AHORA, INTERCEDE POR TI Y POR MI!

Tenemos ahora un sumo sacerdote comprensible, misericordioso y fiel en el cielo, quien intercede ante el Padre por cada uno de nosotros los que creemos en él. ¡No te parece maravilloso! (Hebreos 2:17). Se encuentra a la diestra del Padre, salvando a todo aquél que se acerca al Padre por medio de Él (Romanos 8:34) viviendo siempre para interceder por ellos (Hebreos 7:25).

VERDAD NO. 4

EL FUEGO DEL ESPÍRITU SANTO

En Juan 14:26 Jesús promete que el Padre enviaría un Consolador y quien nos ayudaría a entender todo lo que Jesús había enseñado   Así que, tanto tú como yo que hemos creído en Él (Lucas 10:20),  tenemos el  derecho a la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, y en virtud del mandamiento de nuestro Señor Jesucristo, debemos  esperarla y buscarla ardientemente.  El bautismo en el Espíritu Santo era la experiencia normal de todos los creyentes de la Iglesia Primitiva.  Junto con Él viene una investidura de poder para la vida y el servicio cristiano, la concesión de los dones y el uso de ellos en la obra del ministerio (Lucas 24:49;  Hechos 1:4, 8; 1 Corintios 12:1-31).    Esta experiencia es distinta del nuevo nacimiento y posterior a él (Hechos 8:12-17; 10:44-46; 11: 14-16; 15:7-9).  Con el bautismo en el Espíritu Santo se experimenta también la plenitud rebosante del Espíritu (Juan 7:37-39: Hechos 4:8), una reverencia más profunda a Dios (Hechos 2:43, Hebreos 12:28), una dedicación más intensa a Dios y Su obra (Hechos 2:42) y un amor más ferviente a Cristo, Su Palabra y los perdidos (Marcos 16:20).

Los medios y el poder para el servicio vienen mediante los dones del Espíritu.  Pero es necesario que distingas los dones del Espíritu del don del Espíritu.  Los primeros discípulos necesitaban el bautismo en el Espíritu antes de irse de Jerusalén e incluso antes de comenzar a cumplir la Gran Comisión.  Necesitaban poder, y el mismo nombre del Espíritu Santo está relacionado con poder.  Ese mismo bautismo en el Espíritu Santo lo experimentaron otros por lo menos en cuatro ocasiones más en el libro de Hechos…. Y aun otros más tarde, según Tito 3:5.

DIFERENCIA ENTRE LOS DONES DEL ESPÍRITU Y EL FRUTO DEL ESPÍRITU

Ahora como hijo (a) de Dios, es de suma importancia para tu vida espiritual y el ministerio que estas dos áreas de bendición espiritual sean plenamente entendidas en su relación una con la otra.  El fruto tiene su lugar y los dones tienen su lugar.  Ambos pertenecen a diferentes categorías de bendición espiritual.

Los dones del Espíritu tienen que ver con la capacidad espiritual, lo que uno puede hacer en el servicio del Señor.  El fruto del Espíritu tiene que ver con el carácter espiritual, lo que uno es en el Señor.  Los dones son recibidos como resultado del bautismo con el Espíritu Santo.  El fruto es el resultado del nuevo nacimiento y mientras que el fruto se desarrolla gradualmente.   Los dones, en sí mismos, no son el medio para juzgar la profundidad de la vida espiritual de una persona.  Sin embargo, el fruto es el criterio básico del desarrollo de la vida y el carácter espiritual.  Hay variedad de dones, pero hay sólo un fruto del Espíritu.

Hay un solo fruto del Espíritu, que es amor.  No es bíblico hablar de “los frutos del Espíritu.”  La lista de Gálatas 5:22, 23 son ocho características del fruto del Espíritu que es el amor.  Todas las otras virtudes mencionadas no son más que facetas del amor.  Cuando el Espíritu de Dios entró a tu  vida, derramó Su amor invariablemente en tu corazón, ¿no te parece grandioso?   Estas son las facetas del fruto del Espíritu: gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.  Debido a que el fruto sugiere rasgos de carácter, necesariamente involucra un período de desarrollo. Los dones del Espíritu son otorgados por el Espíritu Santo “repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:11). Estas habilidades divinas son aparentemente otorgadas virtualmente al instante.  El otorgamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés fue “de repente.”  “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4).  En un instante no podían hablar en lenguas y al siguiente lo estaban haciendo. Hechos 19:6 lo confirma, porque leemos de los creyentes en Éfeso: “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.”

Hay variedad de dones, pero un fruto del Espíritu.  En 1 Corintios 12:8-10, Pablo nos da una lista de nueve diferentes dones del Espíritu: “8Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.” Otros pasajes tales como Romanos 12:6-8; Efesios 4:11 y 1 Pedro 4:10, 11; indican que puede haber muchos más.

Otro aspecto muy importante que debes atesorar, es que el Espíritu Santo es tu sello de pertenencia ante el Padre, ahora le perteneces a Dios, eres Su hijo (a) por siempre.  ¿Cómo te puede sellar el Espíritu Santo?  Era común en los días de Pablo, que un mercader fuera al puerto y eligiera ciertos trozos de madera poniendo su marca o sello.  El sello de posesión de Dios a Sus hijos es la presencia del Espíritu Santo morando en sus corazones  (2 Timoteo 2:19ª).  El sello del creyente trae al pensamiento la idea de posesión. Cuando somos salvos, Dios coloca su sello de dominio sobre nosotros (Efesios 1:13, 14; Efesios 4:30).

VERDAD NO. 5

¿ME HABLA LA BÍBLIA AÚN HOY EN DÍA?

No es extraño que cuando leemos la Biblia, hacemos observaciones como: ¿esto Dios me lo dijo a mí? O ¿ya había leído este pasaje y no había visto esta verdad? O ¿tenía tal problema o situación y cuando abrí la Palabra de Dios, justo el versículo que necesitaba?  Y muchos otros comentarios más….   ¿Te ha pasado?  Esto es porque la Biblia, es la Palabra de Dios escrita.  Fue inspirada por Dios y es la revelación de Dios al hombre y por lo tanto infalible y viva (1 Tesalonicenses 2:13, 2 Timoteo 3:15-17, 2 Pedro 1:21).  Durante la ausencia de Cristo desde el momento de Su ascensión hasta Su segunda venida, la Biblia es la voz autoritativa de Dios, la cual el Espíritu Santo se complace en utilizar para guiar a las personas a Cristo.  El Antiguo Testamento señala al Redentor que vendría; el Nuevo Testamento nos habla de su venida e interpreta el significado de ella.  En Romanos 10:8-15, el apóstol Pablo señala dramáticamente que sin la proclamación de las buenas nuevas, el mensaje bíblico, la gente no hallará a Dios. Sólo ella nos proporciona el fundamento sobre el cual creemos en nuestro corazón y confesamos que “Jesús es el Señor”, trayendo así la salvación.  ¿Te das cuenta aquí del equipo de trabajo que Dios formó para lograr tu salvación?  El ideó tu salvación a través de Su Hijo.  A través de la historia y del tiempo fue inspirando Su Palabra para revelar el plan, el Espíritu Santo convenciendo de pecado y Cristo tomando el papel de tu Salvador hasta lograr esa consumación gloriosa del cumplimiento de los deseos preciosos del Padre.

En la Biblia tienes un manual precioso para tu vida, donde te puedes guiar en todo tipo de decisiones, en cualquier tema que desees ahondar.  Contiene magníficas enseñanzas que se convierten en medios para alcanzar madurez en la fe (Hebreos 5:11, 6:2).

Hebreos 5:12   nos insta a que deseemos la Palabra de Dios y que la necesitemos como el alimento físico, con el fin de  ir creciendo espiritualmente hasta llegar a ser cristianos maduros.  ¿Por qué crees?  Hemos aprendido que Dios desea lo mejor para nosotros y desea que tengamos vidas plenas en cada área,  este concepto aparece de diferentes maneras en la Biblia, pero más aún en los Libros Sapienciales  (sapiencial=sabiduría), Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Job.  Donde nos exhorta a que busquemos la sabiduría en la Palabra de Dios, porque: “El principio de la sabiduría es el temor al Señor”, ese temor, no es “tenerle miedo a Dios” pues Él es nuestro Padre y jamás nos hará daño.  Más bien es temer a pecar contra él.Entonces esta sabiduría que nos hace conocer más a Dios y que  nos instruye para no pecar contra Él,  la encontramos en la Biblia.  Salmos 119:105 nos dice que la Palabra de Dios, la Biblia es nuestra guía y es la luz que ilumina nuestro camino por la vida. En Eclesiastés 12:1-5  se describen los días duros. Ya no hay alegría en el vivir, queda sólo la carga de la vida  Los versículos 2 al 5 contienen una serie de figuras poéticas para describir la extrema ancianidad.  En esos días duros de tal vez enfermedad, extrema vejez probablemente, ya solamente se pueda leer la Escritura, pero ya no se pueda servir al Señor y menos disfrutar la vida que el Señor desea que disfrutemos.  No se debe olvidar que es necesario buscar a Dios antes de que lleguen esos días, de los cuales él mismo te advierte; y de esta manera aprovecharla y disfrutarla de una mejor manera.  Lo que Dios siempre desea es que aproveches tu vida, la disfrutes y para eso debes estar a Su lado, escudriñando en Su Palabra, lo que Él tiene para tu vida.

VERDAD NO. 6

¿HAY REALMENTE UNA ETERNIDAD QUE PUEDO GOZAR?

Hablemos de este grandioso beneficio, la vida eterna.  Ese don que Dios te dio al depositar tu fe en Cristo y en Su acto redentor, la vida eterna.  Cuando tu vida física llegue a su fin, una vida espiritual eterna inicia.

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento hablan de cielos nuevos y tierra nueva  (Isaías 65:17, 66:22, Apocalipsis 21:1).  Pedro de esto nos hace referencia “los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas… en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados se fundirán” (2 Pedro 3:10,12).  En griego teketai = deshechos, significa desvanecer y confirma que la tierra, las estrellas y los planetas serán destruidos.  Pero esto no queda allí, viene la parte maravillosa e impresionante.  La Nueva Jerusalén en el cielo (Gálatas 4:26) descenderá a la tierra.

Entonces, como el fuego se usa en la Biblia para limpiar y purificar, se podría considerar que los cielos y tierra simplemente se renuevan, se rehacen (Mateo 5:18, Marcos 13:31, Lucas 16:17) y se restauran a una mejor condición al pasar por el fuego, entonces  Dios abrirá camino para la creación de tierra y cielos totalmente nuevos, donde no habrá más sol ni luna, pues  no habrá necesidad de ellos, el brillo y esplendor de nuestro Dios, será suficiente.

Apocalipsis 21:16 describe “la  Nueva Jerusalén”.  Algo muy importante es que la nueva tierra será el sitio de la Nueva Jerusalén que descenderá del cielo.  Sus dimensiones serán cerca de 2,300 kilómetros de largo, ancho y alto.   La primera mención de la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, en Apocalipsis 21:2-3 nos da a conocer que la morada de Dios será con los redimidos de la humanidad, porque Él vivirá con ellos y ellos serán Su pueblo y Él será su Dios.   ¡Te das cuenta de esta maravillosa revelación!  Esta será tu vida eternamente, una morada perfecta con Dios.

Allí, nunca más se sentirán los efectos del pecado.  Los creyentes experimentaremos la herencia completa y la consumación final de todo lo que se les compró en el Calvario con la muerte de Jesús y Su sangre derramada.  Por lo tanto, no habrá más lágrimas, ni más muerte, ya que la muerte es la paga del pecado (Romanos 6:23) y tenemos la promesa de que Dios destruirá a la muerte para siempre” (Isaías 25:8) y que la muerte misma es “sorbida… en victoria” (1Corintios 15:54).  No existirá más la separación que trae la muerte, ni nada que cause tristeza, dolor, pesar o culpa.  Nada empañará jamás la comunión que tendremos con el Señor y con los demás.  ¡Gloria a Dios!

DESARROLLANDO MIS CORONAS CELESTIALES

Ahora te preguntarás si a través de Jesús heredo vida eterna, perdón de pecados, etc., ¿qué pasa con mi comportamiento como creyente, no vale porque ya soy salvo (a)?    Te puedo decir, que para salvación, no es tomado en cuenta,  ante Dios ya eres justificado (a) por el sacrificio de Cristo en la cruz (Hechos 13:39) y tu salvación no la pierdes.  Ahora bien, aunque el creyente no comparecerá ningún juicio relativo a tu salvación, sí comparecerás  en lo relativo a tus recompensas por servicio(Juan 3:18, 5:25; Romanos 8:1, 33; 1 Tesalonicenses 5:9).  Es allí donde tus obras o comportamiento como creyente sí serán evaluados.  Tu servicio puede ser revelado como ser oro, plata, piedras preciosas; o ser, heno, madera u hojarasca; lo último no perdurará la prueba en el fuego de la gloria de Cristo.  Si lo que ha edificado sobre el fundamento de Cristo es “sin valor”, serás salvo (a), porque la salvación es por fe no por obras; pero tus obras no te traerán premios o coronas (2 Juan 8, 1 Juan 2:28, Apocalipsis 3:11).  Si lo que edifica sobre Cristo es “bueno”, recibirás una recompensa y un “bien, buen siervo y fiel”.

Estas recompensas nos motivan y deben de ser nuestra meta en la vida terrenal para que nuestro comportamiento y obras sean agradables a Dios, ¿no lo crees?  Las recompensas especiales del creyente se llaman coronas.  Son cuatro en número:

  1. La corona de gozo: Pablo consideraba a sus convertidos su corona de gozo.  Nota que esperaba recibir su corona en la venida de Jesús.  Esta es la corona del ganador de almas (1 Tesalonicenses 2:19, 20).
  2. La corona de justicia: Esta corona Pablo esperaba recibir como recompensa por la “buena batalla”, “fe guardada” y el acabar de la carrera (2 Timoteo 4:7,8).  Esta es la corona del ganador de la “metáfora atlética” (1ª. Corintios 25-27).
  3. La corona de vida: Esta es la corona del mártir porque es prometida a aquellos que sean fieles hasta la muerte (Apocalipsis 2:10); pero aquellos que vivan preparados para morir por su testimonio también la reciben (Santiago 1:12).
  4. La corona de gloria: Esta es la corona para pastores y ancianos (1 Pedro 5:4).  La palabra griega para “corona” es stephanos, la cual es la corona entregada en los juegos; estaba hecha de olivo o laurel y se corrompía pronto.  La corona de gloria que el Señor entregará a sus pastores súbditos sobrevivirá todas las edades.

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