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El año pasado, tras comprometerse en octubre, recibió una nueva oferta laboral en cuestión de semanas. Lo interpretó como una confirmación, una señal de respaldo en medio de una nueva etapa de su vida. Sin embargo, la oportunidad implicaba un cambio importante: mudarse y comenzar a vivir solo.
Lo que parecía una bendición también expuso una realidad que había estado ignorando. Sus finanzas no estaban en orden. Había desajustes, decisiones no planificadas y una falta de claridad que ahora comenzaba a pesar más que antes.
En medio de ese contexto, tomó una decisión que marcó el momento: dejar de diezmar ese mes.
Lejos de mejorar, fue el periodo más complicado del año. Los ingresos no fueron suficientes y los gastos aumentaron, generando una presión aún mayor.
La situación lo llevó a reconocer que algo no estaba bien. No solo en lo económico, sino en la forma en que estaba enfrentando el proceso. Fue entonces cuando decidió pedir ayuda, buscando oración y dirección para entender lo que estaba viviendo.
Ese momento marcaría el inicio de un cambio más profundo.