%203.31.17%E2%80%AFp.%C2%A0m..png)
Durante mucho tiempo, su fe estuvo marcada por una enseñanza clara: los dones del Espíritu Santo pertenecían únicamente a la iglesia primitiva. Sin embargo, al estudiar la Biblia, comenzó a notar que no encontraba un fundamento que limitara esas manifestaciones al pasado, lo que lo llevó a abrirse a una nueva perspectiva.
Ese proceso tomó forma al escuchar una enseñanza que comparaba la vida cristiana con un avión: una ala representa la Palabra de Dios y la otra el Espíritu Santo. Fue entonces cuando entendió que su fe estaba incompleta, enfocada en la verdad bíblica, pero sin dar espacio a la obra activa del Espíritu.
Después de conversaciones y reflexión, tomó una decisión intencional: abrirse sin condiciones, sin agenda, permitiendo que el Espíritu Santo se manifestara. Lo que siguió fue inesperado. En una reunión, una persona que no lo conocía comenzó a hablar con precisión sobre su vida. Más adelante, en oración, vivió una experiencia aún más profunda al comenzar a orar en lenguas, algo que hasta entonces no creía posible.
A partir de ese momento, su convicción cambió. Hoy ve al Espíritu Santo como quien confirma su fe, transforma su vida y le da herramientas para servir. Para él, no se trata de elegir entre la Palabra y el Espíritu, sino de vivir una fe completa, donde ambos trabajan juntos.
Su invitación es clara: abrirse al Espíritu Santo puede marcar una diferencia real en la vida.